1 Corintios 1,10

"Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio."
1 Corintios 1,10
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El fin del mundo

Queridos hermanos:
Hay algunas personas a las que les gusta mucho meter miedo en los corazones de ustedes. Por ejemplo les hablan del fin del mundo como si pronto los cielos y la tierra nos fueran a destruir. Escuchan de guerras, accidentes, catástrofes de la naturaleza, plagas o ven algunos signos raros en el cielo y dicen simplemente que es el fin del mundo. En vez de dar un mensaje de esperanza, de amor, de solidaridad; en vez de animar, quieren verlos atrapados en el terror y el susto. Y lo peor de todo, es que estas personas dicen fundar sus teorías en la Biblia. El mensaje de Jesucristo no es un mensaje de miedo, sino que es una «buena noticia» del Reino de Dios que se acerca a nosotros con amabilidad, paz, justicia y alegría de corazón.

En esta carta les voy a hablar del fin del mundo, no con cuentos y fábulas de ciencia ficción, sino leyendo simplemente las Sagradas Escrituras.

Antes que nada el «fin de los tiempos» del cual nos habla la Biblia es el gran misterio de esperanza que aparece en todo el libro sagrado. Es el misterio de la historia humana que está en el corazón de Dios, guiada hacia «un nuevo cielo y una nueva tierra».


1. ¿Qué dice la Biblia acerca del fin del mundo?

Para comenzar, las Escrituras nunca hablan del «fin del mundo», sino del «fin de los tiempos», como diciendo que este mundo no acabará del todo, sino que sería transformado en un «cielo nuevo y una tierra nueva» gracias a la Resurrección de Jesucristo.
En la Biblia también encontramos muchas expresiones que se refieren al «fin del tiempo», «día de Yavé», «día del Juicio», «el día», «la Venida de Cristo», «la resurrección final», «la Parusía», «la llegada del Reino de Dios». Son todas expresiones que indican este «fin del tiempo».


2. ¿Cuándo pasará esto?

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe» (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Jesús no quiso dar la fecha, ni el día ni la hora. «A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente El tiene autoridad para hacer» (Hch. 1, 1-7).
Con esto, Jesús condena enérgicamente la tendencia humana que todavía existe entre nosotros de fijar el día y el año del fin del mundo. Por supuesto que la fecha exacta tiene algo de excitante y llama siempre la atención; hasta es noticia en los diarios. Pero el fijarla es simplemente una mentira y un engaño, porque nadie la sabe. Jesús no quiso satisfacer nuestra curiosidad, sino que quiso comunicarnos algo mucho más profundo.

La Biblia, hablando del fin del mundo, siempre dice que debemos estar preparados. Aunque no sabemos la fecha, este día vendrá como un ladrón en la noche: «Ustedes, estén preparados, porque cuando menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre», dice Jesús (Mt. 24, 44). «El día del Señor vendrá cuando menos se espera, como viene un ladrón de noche» (2 Pedr. 3, 10; 1 Tes. 5, 2 y Apoc. 16, 15).

Ahora bien, leyendo la historia vemos que siempre hubo grupos religiosos que en todos los tiempos fijaron la fecha, el día y la hora, del fin de mundo, pero se equivocaron. Así que, hermanos, no se dejen engañar.
Así pasó ya en el año 1.000 y pasará también en el 2.000. Algunos fanáticos predican que el fin del mundo está cerca. Pero esto no es así.
El fundador de los adventistas, William Miller, con el texto de Dan. 8, 14 y calculando los días de este texto como años, fijó la venida de Cristo a la tierra para el 21 de marzo de 1843 el día final. Llegó esta fecha y no pasó nada especial y luego dijo que se equivocó en sus cálculos en un año y proclamó otra vez la venida de Cristo para el 21 de octubre de 1844. Y viendo que Cristo no volvía a la tierra dijo simplemente que el juicio de los hombres comenzó en el cielo y pronto Cristo se manifestaría en la tierra. Los Testigos de Jehová anunciaron la venida de Cristo y su Reino de mil años en la tierra para el año 1914, luego para 1925. Ahora no dan fecha y dicen simplemente que «pronto Cristo vendrá», y se limitan a escribir en todas partes «Cristo viene».


3. ¿Cuándo será la venida de Cristo?

En algunas partes de la Biblia se habla de la pronta venida de Cristo. En otras partes se anuncia todavía un tiempo de espera.
Da la impresión de que los cristianos de la primera generación esperaban con ansias la venida de Cristo. «Pronto, muy pronto vendrá el que tiene que venir y no tardará» (Hebr. 10, 37).
«Dios que es el juez, está ya a la puerta». «Se acerca el fin de todas las cosas» (1 Ped. 4, 7). «Sí, ven pronto, amén. Ven, Señor Jesús» (Apoc. 22, 20).
Hasta Jesús mismo anuncia su pronta venida: «En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí presentes, que no morirán hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su Reino» (Mt. 16, 28).

Los cristianos de la Iglesia primitiva pronto se dieron cuenta de que la historia podía durar mucho más. Y hasta algunos se burlaron de la propia venida de Cristo diciendo: «¿Qué pasó con la promesa de que Cristo iba a venir, pues desde que murieron nuestros antepasados todo sigue igual que desde que el mundo fue hecho?» (2 Ped. 3, 4). Y el apóstol Pedro les contestó: « Hermanos, no olviden que para el Señor un solo día es como mil años y mil años son como un solo día» (2 Ped. 3, 8).


4. Señales que precederán al fin del mundo

El apóstol Pablo, después de haber reflexionado mucho, anuncia también un tiempo de espera. Antes de la venida de Cristo deben pasar tres cosas:
  1. El anuncio del Evangelio ha de llegar a todas las naciones.«Y este mensaje del Reino será predicado en todo el mundo para que todas las naciones lo conozcan; es entonces cuando vendrá el fin» (Mt. 24, 14).
  2. Al final de la historia, Israel se reconciliará con Cristo y se salvará. «Una parte de Israel se va a endurecer hasta que la totalidad de los paganos hayan entrado, entonces todo Israel se salvará» (Rom. 11, 25).
  3. Finalmente, antes de la venida de Cristo ha de producirse «la apostasía general», o sea, habrá una crisis religiosa a escala mundial, ha de venir el Anticristo. «No se dejen asustar por ningún mensaje espiritual como si fuera el día del Señor que ya llegó. Antes de este día tiene que venir primero la rebelión contra Dios, cuando aparezca el hombre del pecado que se sentará en el templo de Dios y será adorado, llegará con mucho poder y con señales y milagros mentirosos. Usará toda clase de maldad para engañar» (2 Tes. 2, 1 -12).
Nos damos cuenta de que la venida de Cristo no se realizará tan pronto como algunos esperaban; o mejor dicho, Dios no mide el tiempo como nosotros. El puede presentar algo como cercano y no realizarlo hasta cuando a El le plazca. Por otra parte, si el tiempo de espera se nos hace largo, no por eso podemos volver a una vida cómoda, ya sin esperar. El Señor vendrá para cada uno de nosotros como ladrón en la noche.
No olvidemos que el día de la muerte de cada uno de nosotros, el día del juicio particular, es el día del encuentro personal con Cristo. Ojalá que nos encuentre en actitud de espera.


5. ¿Cómo vendrá Cristo al fin del tiempo?

La Biblia habla en forma bastante confusa de cómo se terminará la historia. En el A.T., por ejemplo, los profetas veían a todas las naciones de la tierra unidas en un complot para destruir la ciudad santa de Jerusalén. Pero en el momento más desesperado Dios intervendrá en forma triunfal para instaurar el Reino (Joel 3, 14).
En el discurso de Jesús acerca del fin de los tiempos, habla «de guerras y grandes angustias en todo el mundo, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo y las estrellas caerán del cielo y los ángeles tocarán las trompetas» (Mt. 24, 29-31).
El libro del Apocalipsis (Caps. 13 y 17) habla del dragón y de los monstruos, de la gran batalla en el cielo, de Babilonia la grande, de la madre de las prostitutas y de los abominables ídolos de todo el mundo...

Todos estos textos acerca del fin del mundo fueron escritos en un estilo apocalíptico (revelaciones misteriosas). Era una forma de escribir muy común en aquel tiempo. Estos escritos misteriosos pretendían aclarar los acontecimientos últimos de la historia con visiones ficticias e imágenes fantásticas. No debemos tomar al pie de la letra estas imágenes, sino que debemos tratar de descubrir el mensaje profundo que está detrás de estas visiones. El gran mensaje de estos escritos es: «Cristo Resucitado es el centro de toda la historia y este mundo es el escenario de la lucha entre los elegidos de Cristo (su Iglesia) y las fuerzas del demonio. Estos escritos no son para amenazar ni dar miedo, como creen algunos, todo lo contrario: son escritos que quieren animarnos y exhortarnos a la fidelidad y a la confianza en Dios en momentos difíciles.


6. ¿Cómo debemos prepararnos para el final de los tiempos?

Nuestro destino último y definitivo no está lejos, no es un futuro imposible de imaginar. Ya comenzó. Jesucristo con su persona, su Palabra y su actuación ya inauguró el Reino de Dios (Lc. 11, 20); ya comenzó a juzgar a los hombres (Juan 12, 31). Su Palabra, su amor y su muerte nos juzgan y a veces nos condenan. Ya nos traspasó algo de su Resurrección (Col. 3, 1-4). Por eso el N. T. nos habla del «tiempo» a partir de Jesús como «los últimos tiempos» (Hebr. 1- 2 y 1 Ped. 1-20). Desde entonces urge vivir conforme al Evangelio, urge para todos y cada uno, porque no sabemos cuánto falta para el fin (Mc. 13, 33-37 y Mt. 24, 42).

No podemos esperar pasivamente el retorno de Cristo, el juicio final, la Resurrección general, la instauración total del Reino de Dios. Esta esperanza es el motor de la historia. Lo que Dios comenzó en Jesucristo urge que lo pueda cumplir y nosotros debemos ahora remover los obstáculos. La segunda Venida de Cristo al final de los tiempos (Mt. 24, 3) es el momento del juicio final, de la resurrección general y de la instauración definitiva del Reino de Dios. Nuestra esperanza tiende hacia ese cielo nuevo y esa tierra nueva. Por eso la Biblia termina con estas palabras de espera: «¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22, 20), que repetimos en cada celebración de la Eucaristía después de la consagración y en la que todo el pueblo contesta: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ven, Señor Jesús».


7. Dice EL CONCILIO VATICANO:

  • ¿Sabemos cuándo y cómo llegará el fin del mundo?
    No, no sabemos cuando será la consumación de la tierra y de la humanidad y la manera cómo se transformará el universo.
  • ¿Qué prepara Dios para sus hijos?
    La figura de este mundo está afeada por el pecado pero Dios nos prepara una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebosar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano.
  • El progreso material ¿interesa a Dios?
    El progreso material en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida al Reino de Dios.
  • ¿Hacia dónde caminamos los cristianos?
    «Vivificados por el Espíritu, los cristianos caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio divino de restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra».
  • ¿Cuándo será llevada la Iglesia a su total perfección?
    La Iglesia será llevada a su total perfección cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas (Hch. 3, 21) y cuando, el género humano, con el universo entero, será plenamente renovado (Ef. 1, 10).


Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá

Día de los inocentes

Alrededor del 28 de diciembre resulta cada vez más frecuente leer o escuchar en los medios de comunicación alguna alusión a la matanza de los inocentes, decretada por el rey Herodes y conmemorada litúrgicamente en dicha fecha, desposeyéndola de carácter histórico y convirtiéndola en un episodio, como mucho, de carácter simbólico. Generalmente, estas afirmaciones se sitúan en el contexto de un cuestionamiento de la historicidad de los evangelios de la infancia en su conjunto (San Mateo y San Lucas) y de la errónea contraposición entre un “Cristo de la historia” y un “Cristo de la fe”.
Podemos recordar algunos casos. Antonio Piñero, Catedrático de Filología del Nuevo Testamento de la Universidad Complutense y colaborador de Religión Digital decía en 2008, que «la matanza de los inocentes no existió, es una pura leyenda». En las navidades del 2011, a uno de los participantes en la tertulia del programa Así son las mañanas de la COPE, las inocentadas le parecían una deriva un tanto macabra tomada por esta celebración a pesar de recordarse «una leyenda» teóricamente referida a la muerte de miles niños «que nunca ocurrió». Para el ABC del 27 de diciembre de 2012 «Ningún documento histórico certifica este luctuoso hecho bíblico»; como si el Evangelio de San Mateo no fuera un “documento histórico” y, finalmente, dos años después el diario monárquico vuelve a la carga al dar cabida a un artículo en el que se desarrolla la tesis de que el monarca idumeo «empleó métodos brutales para mantener el poder en Judea, pero no fue ningún sádico y no autorizó ninguna matanza de recién nacidos. De hecho, Herodes sentó las bases para el esplendor económico de su reino y lo abrió a la romanización».
La cuestión viene de lejos y tiene más importancia de la que a primera instancia pudiera pensarse; en primer lugar porque en el trasfondo laten aspectos como la propia historicidad, no solo de los relatos de la infancia o del episodio de la adoración de los Magos —inseparable éste de la matanza de los inocentes— sino de todos los Evangelios.
Pero sobre todo, porque más que de dificultades de carácter científico que impidan ratificar la veracidad del suceso, nos encontramos, con la radical incomodidad que éste provoca. Y es que no deja de ser acusado el contraste entre la religiosidad moderna —eminentemente antropocéntrica— con el hecho de que el nacimiento del Hijo de Dios encarnado vaya acompañado de un derramamiento de sangre que convierte en testigos de Cristo a unos niños inocentes. El propio dramatismo de la escena ha inspirado innumerables representaciones gráficas de los pequeños arrancados de los brazos de sus madres, cayendo bajo los golpes de espada de los soldados de Herodes.

Objeciones rebatidas

Podemos dividir en dos grandes grupos las objeciones a la historicidad de la matanza: las más clásicas, de carácter “historicista” y las vinculadas a posiciones que niegan la historicidad de los evangelios de la infancia desde perspectivas que pudiéramos denominar “teológicas”.

Argumentos historicistas
Las razones históricas aducidas se apoyan únicamente en el silencio de los historiadores romanos y judíos, particularmente de Flavio Josefo que relata el reinado de Herodes extensamente en sus Antigüedades judaicas.
Quienes dan tanta importancia al silencio de los historiadores antiguos, necesitan al mismo tiempo negar la validez histórica de la noticia transmitida solamente por San Mateo, a quien la tradición cristiana considera autor del primer Evangelio a partir de testimonios como los de Papías y San Jerónimo. Sin olvidar la propia credibilidad histórica común a todos los relatos evangélicos por su condición inspirada, podemos añadir que el Evangelio de San Mateo enlaza con las fuentes de la primera comunidad cristiana en Palestina y su autor fue discípulo desde los comienzos, de ahí su alto valor como testimonio histórico que no cabe menospreciar de entrada.
Por otro lado, la verdadera magnitud del suceso nos ayuda a entender que prescindieran de él autores como Josefo, más atento a las vicisitudes que afectaban a los protagonistas históricos de mayor rango. Precisamente sobre este argumento se sostiene la falacia defendida desde las páginas citadas de ABC en las que se afirma que «aunque hubiera tenido lugar la matanza, no pudo tener las dimensiones descritas en la Biblia», cuando San Mateo relata lacónicamente el suceso sin ninguna especificación en cuanto a sus dimensiones.
Es cierto que algunos comentaristas antiguos proporcionaron cifras simbólicas y carentes de cualquier fundamento histórico pero una atenta consideración de los hechos nos sitúa mucho más cerca de la realidad. Belén en tiempos de Jesucristo era una pequeña aldea que, más allá de su significado religioso como cuna de la estirpe de David, carecía de cualquier importancia económica y política. Si pensamos en unos mil habitantes (como parece deducirse de Miq 5, 2), cabe pensar en unos treinta nacidos por año, de los que habría que descontar las niñas por lo que hoy se coincide en pensar que los inocentes asesinados por orden de Herodes se pudieron situar en torno a catorce. Tal vez algunos más en proporción, si la población de Belén —como piensan otros— se situaba en torno a los dos o tres mil habitantes.
Escasa importancia podía tener la muerte de unos pocos niños para aquéllos que nos transmiten el carácter cruel y sanguinario del reyezuelo idumeo que no dudó en aniquilar a cuantos pretendieron interponerse en su camino o disputarle el trono, fueran éstos enemigos o parientes. Por ejemplo, cuando subió al trono de Jerusalén, hizo matar a cuarenta y cinco partidarios de su rival Antígono, así como a numerosos miembros del Sanedrín. Y al final de su vida, ordenó que fueran ejecutados unos notables del reino para que las gentes de Judea, lo quisieran o no, lloraran su muerte. «Puesto que había oído que entre los niños que con menos de dos años ordenó matar en Siria el rey de los judíos, Herodes, había muerto incluso un hijo suyo, dijo: “Es mejor ser un cerdo de Herodes que un hijo”», frase que Macrobio (fin. s. IV) en sus Saturnales pone en labios de Octavio Augusto, jugando con la similitud de las palabras griegas “hijo” (“hyios”) y “cerdo” (“hys”), puesto que los judíos tenían prohibido el consumo de éste (cfr. Mª Consolación GRANADOS FERNÁNDEZ, “¿Mateo evangelista en Macrobio, Sat.II, 4, 11?”, Emerita 49 (1981) págs. 361-363).

Argumentos teológicos
A pesar del escaso peso de las objeciones historicistas, en realidad éstas han servido de apoyo a un cuestionamiento de mayor calado que viene a atribuir, de manera general los Evangelios y más en particular los relatos de la infancia, al resultado de una intensa y profunda elaboración teológica.
Al margen de cualquier referencia real, nos encontraríamos con proclamaciones de la fe en Jesús propias de comunidades cristianas tardías pues la única manera de justificar este proceso es retrasando arbitrariamente la composición del Evangelio de San Mateo hasta los años 75-80 cuando su redacción, de acuerdo con la sentencia más probable, puede situarse en torno al 50 (Cfr. Ioh. PRADO, Praelectionum biblicarum compendium, III, Madrid: Perpetuo Socorro, 1952, págs. 23-24). Acerca del autor, del tiempo de composición y de la verdad histórica del Evangelio según San Mateo, las Respuestas de la Comisión Bíblica, de 18 de junio de 1911 (Enrique DENZINGER, Magisterio de la Iglesia, Barcelona: Herder, 1963, nº 2149-2151):
«II. Si ha de considerarse como suficientemente apoyada en la tradición la sentencia que sostiene que Mateo precedió a los demás Evangelistas en escribir y que escribió el primer Evangelio en la lengua patria usada entonces por los judíos palestinenses, a quienes fue dirigida la obra.

Resp.: Afirmativamente, en cuanto a las dos partes.

III. Si la redacción de este texto original puede aplazarse más allá de la fecha de la ruina de Jerusalén, de suerte que los vaticinios que en él se leen sobre la misma ruina, hayan sido escritos después del suceso; o si el testimonio que suele alegarse de Ireneo [Adv. haer. 3, 1, 2], de interpretación incierta y controvertida, haya de considerarse de tanto peso que obligue a rechazar la sentencia de aquellos que creen, más conformemente con la tradición, que dicha redacción estaba ya terminada antes de la venida de Pablo a Roma.

Resp.: Negativamente a las dos partes.

Las objeciones pseudo-teológicas han sido propuestas de diversas maneras y con mayor o menor radicalidad, pero todas parten de un argumento común: subrayar la identidad entre el episodio que estamos comentando con un motivo legendario presuntamente común a las infancias de los héroes.
Ahora bien, de acuerdo con los estudios de Salvador Muñoz Iglesias, de los paralelismos propuestos el único atendible es el que relaciona el relato de Mateo con el del Éxodo:

«El relato canónico del Éxodo refiere que Moisés, el futuro Libertador, fue librado del exterminio decretado por el Faraón, gracias a la estratagema de la exposición en un cestillo de mimbres sobre las aguas del Nilo. Posteriormente, siendo ya mayor, escapó por segunda vez de la muerte, huyendo a Madian. Las tradiciones recogidas en el Targúm de Jerusalén, en la Crónica de Moisés, en el Midras Rabbah y en las Antigüedades judaicas de Josefo relacionan el decreto del Faraón con un sueño o con la predicción de un escriba que anuncian el nacimiento de un Caudillo Libertador del pueblo hebreo» (cfr. Salvador MUÑOZ IGLESIAS, “Los Evangelios de la Infancia y las infancias de los héroes”, Estudios Bíblicos 16 (1957) 5-36; “El género literario del Evangelio de la Infancia en San Mateo”, ib. 17 (1958) 243-273).

El primer Evangelio fue compuesto para una comunidad cristiana de origen judío y por ello se subraya el cumplimiento de las profecías así como la reprobación del viejo Israel. A largo de todo el Evangelio de la infancia, San Mateo demuestra que Cristo cumple las profecías mesiánicas: es el hijo de David, nacido de una Virgen en Belén, luz de las gentes y objeto de una gran hostilidad de la cual saldrá finalmente vencedor. A la hora de transmitir el episodio que estamos comentando, utiliza paralelismos que tienden a demostrar que Jesús es el auténtico y definitivo salvador mesiánico, cuyo tipo y figura fue el protagonista del Éxodo sin que los paralelismos obsten para la fundamento histórico de fondo al tiempo que las diferencias con el modelo avalan dicha credibilidad.
En cuanto a la historicidad del Evangelio de San Mateo, responde la citada Comisión Bíblica (Enrique DENZINGER, ob.cit., nº 2153-2154):

«VI. Si por el hecho de que el autor del primer Evangelio persigue principalmente un fin apologético y dogmático, es decir, demostrar a los judíos que Jesús es el Mesías anunciado de antemano por los profetas y nacido de la estirpe de David, y que además no siempre guarda el orden cronológico en la disposición de los hechos y dichos que narra y refiere, puede de ahí deducirse que no han de tomarse como verdaderos tales dichos y hechos; o si puede también afirmarse que los relatos de los hechos y discursos de Cristo que se leen en el mismo Evangelio, han sufrido alguna alteración y adaptación bajo el influjo de las profecías del Antiguo Testamento y del más adelantado estado de la Iglesia, y que, por ende, no están conformes con la verdad histórica.

Resp.: Negativamente a las dos partes.

VII. Si deben especialmente considerarse con razón destituidas de sólido fundamento las opiniones de aquellos que ponen en duda la autenticidad histórica de los dos primeros capítulos en que se narran la genealogía e infancia de Cristo, así como la de algunas sentencias de grande importancia en materia dogmática, como son las que se refieren al primado de Pedro [Mt. 16, 17-19], a la forma del bautismo con la universal misión de predicar confiada a los Apóstoles [Mt. 28, 19-20], a la profesión de fe de los Apóstoles en la divinidad de Jesucristo [Mt. 14, 33] y a otros puntos por el estilo que aparecen en Mateo enunciados de modo peculiar.

Resp.: Afirmativamente».

De la historia a la Liturgia

Podemos concluir recordando cómo los relatos evangélicos de la infancia de Jesucristo contienen una narración de verdades fundamentales: su ascendencia davídica, su concepción virginal, el nacimiento en Belén…, y, en última instancia, su misma divinidad. Por tanto, la historicidad del conjunto, y la de cada uno de los episodios de que constan, es algo que afecta al núcleo de la fe misma; y ha sido constantemente afirmada por la Iglesia.
Por otra parte, esos relatos forman una unidad con los Evangelios respectivos, y su historicidad está apoyada, en el terreno de la crítica, por las mismas razones que la de dichos libros en su conjunto, lo que no impide precisar el género literario de esos capítulos, para obtener así una mayor comprensión de los mismos. Poco, sin embargo se puede avanzar por este camino más allá de recalcar determinadas dependencias literarias sin que ello vaya en detrimento de su carácter histórico.
Otra prueba de que la Iglesia lo ha considerado así, es la celebración de una fiesta dedicada a estas primicias de los mártires de Cristo. Su origen está en el norte de África, en el siglo V pasó a Roma, y desde allí se extendió al resto de la Cristiandad quedando fijada durante la Edad Media en el 28 de diciembre.
Y con los versos inspiradísimos del Himno “Salvéte flores Mártyrum”, canta la liturgia a estos niños, sin nombre ni rostro, que parecen alegrar el Cielo con la eterna alegría de haberse acercado “ad Deum qui laetificat iuventutem meam” — “al Dios que es la alegría de mi juventud” (Sal 42).

Salve, flores de los Mártires,
que en el mismo umbral de la vida
fuisteis arrebatados por el perseguidor de Cristo, 
cual rosas nacientes por el huracán.
Vosotros sois las primeras víctimas de Cristo,
los tiernos corderos inmolados
por Él, y jugáis, inocentes,
ante su altar con la palma y la corona.


Padre Ángel David Martín Rubio

Libre interpretación de la Biblia

1_ EL PROTESTANTISMO DICE QUE CREEN SOLO EN LA BIBLIA PORQUE ES LA PALABRA DE DIOS.
Esto suena muy bien, pero vamos a evidenciar que:

  • A- esto no es cierto.
  • B- tal afirmación va en contra de la razón
  • C- va también contra la misma Biblia.

En primer lugar: ¿quién dijo que la Biblia es la palabra de Dios?
Por si usted no lo sabe, fue la lglesia católica, la que estableció el Canon o la lista de los libros que componen el Nuevo Testamento. Entre todos los libros que se escribieron en aquel tiempo, la Iglesia Católica declaró cuáles eran inspirados y cuáles no, en el año 393 en el Concilio de Nipona, y en el año 397 en el Concilio de Cartago.
Dice Lutero, fundador del Protestantismo, que la Biblia, -y ella sola- es la religión de los protestantes.
Que las Escrituras son por sí mismas, ciertas, sencillas claras e intérpretes propias, a sus ojos la Autoridad de las Escrituras no necesita ser confirmada por la iglesia, sino que se impone al creyente por un testimonio interno.

Es evidente la dificultad que todo esto encierra y pasemos a demostrar que:
A. No es cierto que los protestantes crean solo en la Biblia.
Si creen solo en la Biblia, ¿por qué aceptan la fórmula del Credo Católico? el contenido de él está en la Biblia, pero la fórmula NO, está en la Iglesia Católica.
Si creen solo en la Biblia, ¿por qué no aceptan el descanso el sábado como lo ordena la Biblia, sino el domingo instituido por la Iglesia Católica? ¿De dónde sacaron que nada más hay que creer en la Biblia? Esto no se encuentra en toda la Biblia, y aunque sí se encontrara, ¿Ya a aceptar la razón el que la Biblia se dé autoridad y se garantice a sí misma? ¿Y cómo sabe el protestante cual es la verdadera Biblia y la mejor traducción, ya que todas varían tanto, pues basta cambiar una palabra o un acento como lo hizo Lutero, para cambiar el sentido de una enseñanza, sino creyendo en la palabra de su pastor?
Por no aceptar la autoridad del PAPA, grandes ramas protestantes aceptan la de innumerables "papitas" pues cada pastor se cree el mejor intérprete de la Biblia enseñando lo que a su parecer debe ser, aunque caiga en flagrantes contradicciones y componendas, pues es de sus fieles de donde debe sacar el pan para su mujer e hijos.

B- Es contra la razón pretender que la Biblia sea la sola regla del cristiano.
Es un hecho que el Cristianismo estaba ya muy extendido antes de que San Mateo escribiera el primer Evangelio, lo que hizo 8 años después de la muerte de Cristo. Luego el cristianismo primitivo que pretenden resucitar los protestantes, se propagó por medio de la predicación, no por medio de la lectura de la Biblia, la que no estuvo concluida sino hasta el año 70 después de la muerte de nuestro Divino Redentor.
Si la Biblia fuera la única regla del cristiano, ¿cómo habría podido propagarse la religión en los 15 siglos anteriores a la invención de la imprenta?
Hay en la Biblia unos libros que son la narración de la historia de Israel, y como historia, tienen que referir los hechos tal y como sucedieron sin ocultar ni disimular nada, lo que se opondría a la imparcialidad histórica.
La Biblia nos refiere así para reprobarlos, muchos hechos ignominiosos de hombres corrompidos, los que aprovecha además, para indicamos cómo gobierna al mundo la Providencia Divina y cómo castiga Dios el pecado. La Biblia es un libro de texto de religión, es un libro difícil de entender que trata tanto de historia, como de costumbres, creencias, descripciones en lenguaje popular, etc., que ya no existen.
El confundir una costumbre con una enseñanza, puede originar o engendrar muchos errores, y es lo que está sucediendo en muchos casos. Se necesita estudio, reflexión y sabiduría, para poder distinguir el valor de los distintos contenidos bíblicos.
No basta decir: "está en la Biblia", hay que ver, repetimos, de qué se trata, si es una enseñanza una costumbre, una creencia de aquel tiempo o una idea personal de tal o cual autor.
Es por esto que este estudio se masifica mediante la HISTORIA SAGRADA que aprendemos en el Catecismo. Creemos dejar evidenciado que es contra la razón el creer que la Biblia pueda ser la única regla del cristiano, pero hay para probarlo además otras muchas razones, y la principal es que nuestro Señor Jesucristo dejó también como fuente de verdad: la tradición oral (Le. 10: 16).

C- Esta creencia va también contra la misma Biblia.
En vano se buscará en toda la Biblia algún versículo que pueda honradamente interpretarse como que ella sea la sola regla del cristiano. Si tal hubiera sido la idea de Nuestro Señor Jesucristo, seguramente la hubiera escrito El mismo, empezando por ordenar claramente que a ella tan solo nos atuviéramos; al no hacer esto autorizó de hecho el que hubiera intermediarios entre Él y nosotros a los que dijo: Quien a vosotros escucha a Mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a Mi me rechaza. (Lc. 10:16)
Rogamos al lector se sirva considerar si podía Cristo con más claras palabras, haber autorizado NO a la Biblia, sino a la predicación de su Iglesia. Es un absurdo querer poner la Biblia como autoridad suprema en el campo de la fe. Hay que reconocer que primero está Cristo, después la Iglesia y después la Biblia, y no al revés.

2_ EL PROTESTANTISMO EQUIVOCA PRETENDER PODER INTERPRETAR POR Sl MISMOS LA BIBLIA.
  • a- porque esto es contra la realidad.
  • b- porque esto es contra la razón.
  • c- porque esto contra la biblia.
a. Es contra la realidad pretender que el protestantismo interprete la Biblia individualmente.
Es un hecho que no son los fíeles los que interpretan individualmente la Biblia, sino que con el pretexto de que es un libro "difícil de entender" se requiere para ello una instrucción que el fiel no tiene, pero que el pastor se adjudica, y él es quien "explica" como conviene a la "iglesia" a la que pertenece, las "difíciles" interpretaciones a sus doctrinas.

b. Es contra la razón pretender la libre interpretación de la Biblia.
Esto puede establecerse desde luego, considerando que siendo la Biblia, entre otras cosas, un Código de Moral, si se interpreta por sí misma, viene a ser Juez y parte en causa propia, lo que indudablemente trae consigo la tendencia a torcer en nuestro provecho su sentido. Y los hechos nos proporcionan innumerables pruebas de la verdad de lo anterior, entre las cuales citaremos:
  1. Los protestantes mormones y los anabaptistas de Munstec, interpretando las palabras "creced y multiplicaos", concluyeron la legitimidad de la poligamia.- fue en la propia Biblia, que Lutero, Buter y Melanchton se apoyaron para permitir al Landgrave de Hesse, que tuviera dos mujeres a la vez.-
  2. Juan Leyde, leyendo la Biblia, descubrió que debía casarse con once mujeres a la vez.-
  3. Hermann encontró en ella que él era el Mesías enviado por Dios.-
  4. Nicolás, que la fe era necesaria y que había que vivir en el pecado para que abundara la gracia.
  5. Sympson pretende haber leído en ella que hay que caminar desnudo por las calles, para mostrar a los ricos que deben despojarse de todo.
  6. Richard Hill encuentra en la Biblia que el adulterio y homicidio son obras que sirven para el bien, y que uniendo a ellos el incesto, nos hacen más santos en la tierra y más felices en el cielo.
  7. Hace algunos años en México, pudimos evidenciar que los protestantes de la secta Episcopal Americana, han leído en la Biblia que hay que venerar las imágenes, que son 7 los sacramentos, y que hay que profesar un Credo definido.
  8. Los Presbiterianos, han leído en la Biblia que son solo 2 sacramentos (mejor diríamos que uno y medio, pues la "Cena del Señor" para ellos es juramento, palabra a la que erróneamente dan la interpretación de sacramento) que el hombre ya viene predestinado para el bien o para el mal, por lo que en realidad niegan el libre albedrío.
  9. Los Testigos de Jehová, la secta más activa actualmente en México, leen en la Biblia que NO existe el infierno, que Cristo NO es Dios y niegan la inmortalidad del alma. Con estas ideas, ¿tiene explicación su proselitismo?
  10. Los Metodistas han leído en la Biblia, que sí existe el libre albedrío. Son de tal manera evidentes las aberraciones a las que conduce al hombre la libre interpretación de la Biblia, que han habido protestantes honrados que han confesado que no hay crimen ni abominación que no haya encontrado su justificación en algún texto de la Escritura, interpretada fuera de la autoridad de la Iglesia, pues los protestantes buscan en ella versículos que se adapten a sus tendencias, y no adaptar éstas a sus versículos.
  11. Para ejemplo, "basta un botón"; una de las llamadas "Iglesias históricas", la Presbiteriana, está en grandes dificultades por el estudio que se está haciendo acerca de que la mayoría de los fieles rechazan las "tradicionales normas sexuales bíblicas" por lo que urge cambiar doctrinas para acomodarlas a las costumbres actuales, porque de otra manera se quedan sin "clientela".
No están lejos de seguir las mismas "reformas" algunas de las Iglesias Episcopales, Metodistas y Luteranas. Siendo una necesidad humana la satisfacción de los deseos sexuales, no hay porqué restringirla a los limitados causes del matrimonio, al que ya es imposible pedir como antes, abstinencia, fidelidad y castidad; así pues hay que cambiar estos conceptos para dar la debida atención a los homosexuales, las relaciones entre "amantes adolescentes responsables" etc.
El estudio apenas trata el problema de la procreación: la maternidad es algo que se puede evadir, por medio del uso de anticonceptivos o la interrupción del embarazo con el aborto. Por otra parte, es imposible pedir a las 3/4 partes de los fíeles que viven "solos" un celibato inhumano y tradicional que los hace unos "marginados" y se les recomienda la práctica de un "sexo seguro".
Se olvidan que las "tradicionales normas sexuales bíblicas" se encuentran en los 10 MANDAMIENTOS de la Ley de Dios, que fueron ratificados y perfeccionados por nuestro Señor Jesucristo, y que bajando a la escala natural, son verdaderamente lo que pudiéramos llamar: ecológicas e higiénicas. Y a pesar de que todos ellos interpretan la Biblia de manera diferente, como acabamos de evidenciarlo, aseguran que el Espíritu Santo los "ilumina".
Hasta los pasajes más claros y más sencillos de las Escrituras, son para ellos motivo de grandes disputas y divisiones, al grado de que se encuentran más de ¡doscientas! interpretaciones diferentes de estas benditas palabras de nuestro Señor Jesucristo, tan claras y tan sencillas:
ESTO ES MI CUERPO, palabras que son vida para los católicos y letra muerta para los protestantes.
¡Buena idea se tiene en el protestantismo de este Espíritu Santo! Cuando siendo la verdad una, El los "ilumina" para que cada quien entienda cosas tan diferentes y contradictorias.

c- Que es contra la Biblia creer que puede interpretarse libremente.
Los protestantes pretenden poder apoyarse para interpretar libremente la Biblia en este versículo: "escudriñad las escrituras" (Jn.5:39) pero no lo toman completo, porque dice además: "ya que pensáis tener en ella la vida eterna; son ellas las que dan testimonio de Mi".
Ahora bien: desde luego Jesucristo al decir esto, no se dirige al pueblo, sino a los sacerdotes y les dice que la escudriñen no para encontrar en ellas el único código cristiano, sino para que puedan convencerse de que Él es el Mesías prometido y profetizado por las Escrituras. Y si esto hacen tratándose del versículo que ellos llaman su apoyo, ¿qué no harán con lo restante de la Biblia? la que vemos materialmente atestada de enseñanzas condenando su libre interpretación, entre las cuales bastará con que anotemos las siguientes:
  • (2ª Pedro 3:16) "...entre las cuales (se refiere a las epístolas de San Pablo) hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen como también otras Escrituras para perdición de sí mismos” (textual Biblia protestante)
  • (2ª Pedro 1:20) "Entendiendo primero esto: que ninguna profecía de la Escritura, es de particular interpretación" (textual Biblia protestante)
  • (2ª Tesalonicenses 2:15) "Así es que hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido sea por palabra o por carta nuestra"
Nadie como los protestantes han experimentado sobre todo en el campo de la unidad y de la propagación de la fe, los desastrosos efectos de la libre interpretación de la Biblia; "Henos aquí, escribe R.H. Davis, ante la verdadera piedra de escándalo del protestantismo, nuestras diferentes interpretaciones bíblicas, han dado pie a la proliferación de nuestras sectas"."Los grandes desacuerdos doctrinales y prevalecientes en todas las iglesias protestantes, empezando por las anglosajonas, se deben a desacuerdos católicos sobre la Biblia como palabra de Dios; los peligros de la interpretación privada son una realidad frente a las sectas que proliferan en todo el mundo"
Sólo en Africa hay más de 2000, ¡Sí, dos mil sectas autóctonas!

ALGO DE HISTORIA.

  • En el año de 1551, la paz de Ausburgo reconoció legalmente la división religiosa, que poco a poco se hizo una moda, surgiendo un sin fin de opiniones y sectas basadas sobre el principio de la libre interpretación de la Biblia.- Zwinglio (muerto en 1531) negó la presencia de Cristo en la Eucaristía y el sacramento del Bautismo.. En lo demás aceptó completamente la posición luterana. Sus ideas se impusieron en Zurich, Suiza, pero sus partidarios tuvieron que pelear contra los cantones católicos y fueron vencidos en la batalla de Kappel en 1531, en la que fue mortalmente herido.
  • Thomas Muzer fundó los anabaptistas y provocó la guerra de los campesinos (1522-1525).
  • Calvino, muerto en 1564, fundó una secta aparte en Ginebra, Suiza, aceptando el luteranismo y desarrollando la doctrina de la predestinación.
  • Juan Knox, muerto en 1572, fundó en Escocia El presbiterianismo, aceptando las posiciones calvinistas.
  • Enrique VIII, rey de Inglaterra de 1509 a 1547, no consiguiendo que el Papa le anulara su matrimonio con Catalina de Aragón, proclamó la independencia de la Iglesia Anglicana, declarándose su jefe espiritual.
    Una vez rota la unidad con la única Iglesia que fundó Cristo, cada uno por interés, orgullo o buena intención, se sentía libre de seguir "su" camino, dando origen aún sin fin de sectas que hasta la fecha siguen surgiendo y desapareciendo. Los mismos fundadores del protestantismo estaban conscientes del escándalo representado por la rápida proliferación de las sectas.
  • En una carta dirigida a Melanchton, así se expresaba el mismo Calvino:
    "Es de gran importancia que las divisiones que subsisten entre nosotros, no sean conocidas en los futuros tiempos. Nada puede ser más ridículo que el hecho de que quienes fueron impulsados a separarse de la totalidad, no hayan podido lograr sino un tan precario acuerdo en el principio mismo de la Reforma". (Carta No. 14 1)

EL ECUMENISMO.

No es posible terminar este estudio, sin hacer mención al movimiento Ecuménico. Las corrientes ecuménicas están afectando profundamente tanto a la Iglesia Católica, como a las llamadas Iglesias Históricas Protestantes. Es frecuente el intercambio entre exégetas católicos y protestantes, y entre especialistas del Instituto Bíblico de Jerusalén, y en un nivel menos técnico, las "conversaciones", "mesas redondas" o "vigilias" litúrgicas que se celebran entre católicos y protestantes, teniendo como fondo la lectura y meditación de la Biblia.
Por su parte el Concilio Vaticano II a captado las posibilidades de acuerdos, y en el Decreto sobre el Ecumenismo hace más de una vez alusión al prominente papel que las Sagradas Escrituras ocupan en la teología y en la vida religiosa de las comunidades protestantes.
En el terreno católico, la exposición debe hacerse con "toda profundidad, humildad y caridad, con un alma guiada por la verdad" sabiendo que nuestras discrepancias son esenciales, "muy graves" ante todo en puntos de la interpretación de la Verdad Revelada.
Nuestros diálogos han de ser principalmente, si no de modo exclusivo, con protestantes que admitan la Divinidad de Cristo, el Misterio de la Santísima Trinidad y el carácter inspirado de los Libros Sagrados.
El documento conciliar indica también, que la raíz principal de nuestra discrepancia con los hermanos separados, es la interpretación privada de la Biblia.
La Biblia debe contarse entre los verdaderos "tesoros cristianos".
La Escritura conserva entre los no-católicos, su pleno valor aun no creyendo que "El Señor entregó todos los bienes del Nuevo Testamento aun solo Colegio Apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo con Cristo en la Tierra".


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Autor: Alicia Herrasti
ARZOBISPADO DE MÉXICO
Pbro. Dr. José Luis Guerrero Rosado Censor
por mandato especial del Señor Arzobispo Primado
"IMPRIMATUR" 29 de julio de 1991
Mons. Rutilo S. Ramos Rico Vicario General